 Partiendo desde el puesto fronterizo de Santa Rosa en la Tacna —hito que demarca el límite sur peruano hasta el norteño departamento de Piura— recorren más de 2 500 km siguiendo la Panamericana, más o menos en paralelo a nuestro litoral, hasta llegar al puerto de Paita. De ahí seguirán 211 km rumbo noreste, ascendiendo por los Andes hasta su destino: la iglesia de la Virgen del Pilar, en la plaza principal del pueblo de Ayabaca, morada de su milagroso Señor Cautivo: un Cristo moreno tallado y pintado sobre madera a quien entregarán, llenos de fe y júbilo, los votos prometidos en agradecimiento a sus milagros.
Peregrinos consecuentes Lejos de querer explicar las respetables motivaciones de fe que promueven semejantes demostraciones religiosas, la intención de esta nota es difundir una de las muchas manifestaciones culturales que existen en nuestro querido Perú donde incluso en el mundo globalizado de hoy perviven creencias y promesas que cumplir. Lo extraordinario del esfuerzo deplegado por los protagonistas de tan devoto proceder no sólo es el recorrido de esta peregrinación que se realiza en su totalidad a pie, sino que además se complementa cargando una cruz de madera de más de 90 kg de peso, ¡y al hombro! Estos convencidos caminantes esperaban hacerlo en 75 días y al cabo llegar a Ayabaca el día 13 de octubre, día central de la festividad. Breve crónica de un encuentro en el desierto
En agosto del 2002, cuando regresaba de dar la vuelta completa al lago Titicaca en un convoy de casi cuarenta autos de doble tracción con cerca de cien personas en expedición turística, encontramos a estos muchachos en medio del desierto de Camaná, a paso firme cargando su cruz contra viento y marea. Nos detuvimos a ofrecerles nuestra ayuda, pero como un voto de fe no se cambia por un paseo en una Land Rover, luego de una agradable charla nos despedimos, con el conocimiento enriquecido iluminados por la grandeza del Santo Patrón de Ayabaca. Aquellos peregrinos sólo nos pidieron agua y se mostraron agradecidos por nuestro interés. Más o menos así fue la historia que nos contaron: En 1751, la patrona en Ayabaca era la Virgen del Pilar. El párroco de aquel entonces, quiso dar al pueblo una imagen de Cristo, y encargó a unos pastores trasladar un tronco de madera de cedro hasta Ecuador para hacer la escultura. En el camino los emisarios se encontraron con tres chalanes vestidos de blanco, que dijeron ser escultores y se ofrecieron a tallarla con la única condición de hacerlo en un cuarto cerrado, sin ser vistos por nadie. Durante su trabajo, los alimentos debían ser sumistrados por una pequeña ventana. A la semana, la expectativa era grande, y presas de la impaciencia ante la falta de respuesta de los escultores, los pastores optaron por irrumpir en el cuarto. Encontraron la imagen pulcramente acabada y los alimentos intactos, pero los artistas habían desaparecido misteriosamente. Por eso algunos piensan que fueron ángeles. Epílogo
Historias como esta hay por montones en nuestra patria; esperamos en el futuro contarles algunas otras en las próximas entregas de peruanos.net, la web de los peruanos en Alemania.
Fotos para Peruanos.net por Víctor Mendívil.
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